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Buenas.
Pues nada, que con mi resfriado empeorado notablemente tras la
juerga blusera de anoche (sudor + frio nocturno = mal rollo), procedo
a relatar con la brevedad que me caracteriza lo que fue el concierto
de Long John Hunter anoche en la sala Arena de Madrid, para animar a
todos aquellos que lo podáis pillar aún en su gira española, porque
merecieron la pena los 20€ de la entrada (un poco cara, todo hay que
decirlo, pero bueno...).
Lo primero que hay que hacer es echarle la bronca a los promotores,
y es que hay salas mucho más adecuadas en Madrid para organizar una
farra blusera de este calibre. La sala Arena es realmente una
discoteca de dos plantas con un techo que no se ve de lo alto que
está, y consecuentemente con una acústica que para el bacalao puede
estar bien (¿realmente importa la acústica para eso?), pero que para
un concierto de música no es la más apropiada, desde luego. Si a eso
se le une el hecho de que los técnicos de sonido no debían estar muy
acostumbrados a sonorizar una banda de blues, pues podéis haceros una
idea...Con todo y con ello, la cosa no fue tan desastrosa como yo me
esperaba por comentarios previos, y tras la primera inspección de la
situación.
Los prolegómenos no eran, desde luego, muy halagüeños, porque al
mal rollo de la sala en sí misma, se unió el hecho de que la música
ambiente previa al concierto estaba protagonizada por el auténtico y
genuino Bragas...The real deal, mennnnn...El caso es que la cosa no
tardó mucho en tomar un cariz notablemente más atractivo. Se para la
música, sale el presentador y tras él un negro enorme vestido de una
forma más que curiosa (uniforme de portero del Hotel Ritz con sombrero
tejano y rastitas asomando por debajo...para molar...) y con una de
las guitarras más bonitas que he visto nunca colgada del hombro. Es el
tal Eugene "Hideaway" Bridges. Me río de esos que dicen que no hay
negros jóvenes haciendo buen blues. Este hombre dudo mucho que pasara
de los 40, y tuvo los santos cojones de tirarse más de media hora él
solito, guitarra, ampli y voz, haciendo que nuestros cojones, a su
vez, rodaran por el suelo. Una más que grata sorpresa y un gran
acierto de los promotores (ahí sí). Un tipo que se mueve como pez en
el agua por el blues más clasico, el soul-blues, el rythm'n'blues y el
gospel...Una técnica más que impecable, rozando el virtuosismo, pero
con el fílin que SÓLO los negros tienen, a la guitarra y una
voz...JO-DER, qué voz...Mi querida Lady, habrías babeado de lo lindo
con el colega, te lo garantizo. Técnica, potencia, tono y mucho, mucho
fílin. Se nota que el tío se ha pateado muuuuuchas iglesias. Hacía
tiempo que no veía a nadie transmitir tanto en solitario. MUY BUENO.
Por supuesto, tenía un CD a la venta, y como no podía ser de otra
forma, me pillé uno. Bueno, pero decepcionante. Con banda y bien, pero
no le hace justicia ni de lejos, sobre todo a la voz. Una producción
flojilla y un sonido y un rollo bastante mejorables. Supongo que estoy
influido por lo que vi en directo, pero bueno...Aún así, sólo he
escuchado el disco un par de veces y por encima, y pese a la pérdida
respecto al directo, es un disco bastante decente, y no me duelen los
15€ que me costó, ni mucho menos (lo que sí me duele es la armónica
que suena en un tema, tocada por un blanquito con apellido sueco, por
lo menos, y que, francamente, no sé qué pinta ahí, porque le queda
mucho para llegar a sonar como dios manda). Fue muy celebrado por la
concurrencia, por cierto, un medley que hizo de temas de Jimmy Reed.
A continuación salió el hermano de Long John con su banda (la de
Long John). Negraco viejo vestido con levita y camisa blancas y
pantalones rojos...para molar más aún...Buen rollo...El hombre bien,
pero daba toda la impresión de que él y la banda se habían conocido en
el avión, porque madre mía, qué descontrol...Fue lo que hizo que su
minibolo (otra media horita larga) pasara sin pena ni gloria.
Acertaban en uno de cada cuatro finales, los comienzos eran
generalmente caóticos y en general no se coscaban de lo que ordenaba
el viejo. La banda estaba formada por un teclas que fue el que mejor
cumplió en general, un bajista que era para verle, el típico al que le
gusta estar en primera línea de escenario (y eso que era bastante
feucho), cuarentón, moviendo pelvis y vacilando a las nenas (claro
que la única a la que vaciló tenía del orden de 60 tacos, y dejó de
vacilarla en cuanto se fijó bien). Fue motivo de unas cuantas risas
por parte de los tres o cuatro que estábamos viendo el chou juntos.
Look roqueta quiero-y-no-puedo, con camisa de cuello ancho sobre las
solapas de la chaqueta, y un bajo con su nombre y apodo ("Bob -o Tom,
o algo así- Fingers" en sendas pegatinas cutres bien visibles en él.
Coño, que eso lo haga Earl Hooker vale, pero este menda...En fin, el
caso es que no era malo, pero era muy tocón. Sobrao, vamos. Ah, ah, y
lo mejor, acaba el bolo con Long John Hunter, posa el bajo, saca un
peine y se pone a arreglarse el remedo de tupé que llevaba.
Impresionante. Pero el desfile de freaks no acabó ahí. Qué batería,
oigan...Si ponéis una foto suya junto a la de un bulldog juro que no
seréis capaces de distinguirlos. El colega estaba lleno de tics y
gestos raros que a todos nos hacían sospechar la posible obstrucción
de sus vías nasales...El caso es que movidas freaks aparte, el tío era
francamente malo, en lo que al blues bien entendido concierne. Un tío
que parecía tener el pedal de bombo pegado al pie con superglue, del
poco descanso que le daba el jodido...Muy poca dinámica y recursos
repetitivos y poco bluseros. Bajo mi punto de vista, tuvo gran parte
de culpa en que el bolo del hermanísimo fuera lo más flojo de la
noche, y es que al pobre Tom Hunter se le veía incómodo por momentos,
y bastante falto de inspiración. El colmo fue cuando se arrimó un
espectador al escenario y le plantó al pobre la entrada con la foto de
Long John en todo el morro, en plan "Déjate de hostias y que salga tu
hermano". También es cierto que la sensación generalizada era de que
estábamos ante la típica historia de banda que se hace dos o tres
temas sin el jefe, para que luego aparezca él, pero los temas se
sucedían uno detrás de otro y Long John no aparecía, y cuando
finalmente lo hizo, su hermano se piró, para decepción nuestra, claro,
que esperábamos que se quedará como rítmica.
Total, que apareció la estrella. Grandote, con unas zarpas enormes
y estrato negra colgada del hombro. Qué tío más chulo, oigan...Pero
chulo en el buen sentido. Vacilón. Manejando al público. Y es que no
en vano se tiró todos los años que se tiró entreteniendo noche tras
noche a una parroquia que debía ser difícil de controlar, la de la
frontera de Méjico, entre Juárez y El Paso (gracioso, por cierto,
estuvo lo de "Sweet home, El Paso" que se cantó). Se le veía
sobraaaaado de tablas. Un showman y un entertainer como la copa de un
pino. Y todas las polladas que hizo, con cara seria, seria...Sin casi
media sonrisa...Más chulo que un ocho...Lo suyo es presencia escénica
y lo demás cuentos. Musicalmente mucho blues, mucha guitarra cruda,
justo a la que nos tiene acostumbrados, y mucho espectáculo. La banda
sonando mejor que con el hermano, y el señor Long John Hunter
haciéndonoslo pasar de lujo. Sorprende que un tío tan grande (y es que
joder, mira que era grande el menda) tenga esa voz tan aguda, pero
vamos, como si importara...Nos hartamos de bailar (lo único bueno de
la sala es que no había butacas, sino una enorme pista central frente
al escenario -para algo es una discoteca-, y los típicos sofás
corridos por los laterales, para quienes no gustaban de mover el
culo), de reirnos y de flipar...Se dio el correspondiente paseillo por
la pista con inalámbrico en un lentazo con cojones, como debe ser, y
dejó un sabor de boca inmejorable.
En el anecdotario queda el minuto del "It's your thing", de los
Isley Brothers (un temazo que me encanta) que se hizo al final, la
media hora que se tiró firmando autógrafos tras el concierto y la
sorprendente cantidad de público femenino que apareció por allí. A ver
si el blues va calando de una vez en las féminas y los garitos se
alegran un poco, caray...;-))
En fin de fiesta con los tres negros sobre el escenario con sus
respectivas hachas, y Long John vacilándole al publico para que
coreara el "Yeah, yeah, the blues is alright", memorable.
Y eso es más o menos lo que pasó anoche en Madrid, lo que pasará
hoy en Bilbao, supongo, y lo que seguirá pasando por la penísula,
entre España y Portugal, estos días. Aprovechad si podéis...
Saludos,
David
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